Sobre delitos y extranjeros

Por Andrés Pabon

“El Poder Ejecutivo podrá ordenar la salida de todo extranjero cuya conducta comprometa la seguridad nacional o perturbe el orden público”. Así establecía la ley de Residencia dictada en 1902 durante el segundo gobierno de Julio A. Roca, aquel presidente que años atrás había inaugurado lo que se conoce como el orden conservador o la República restrictiva. Fue una época en la que la oligarquía construyó su dominación sobre la base del fraude, la represión y la exclusión de los derechos para el pueblo. En esa época, gran parte de los trabajadores eran inmigrantes europeos que llegaron a estas tierras portando solo su fuerza de trabajo y su anhelo de construir un mejor futuro para sus hijos. Traían también, como parte de ese sueño, un caudal de ideas socialistas y libertarias que indudablemente hicieron temblar ese orden opresor impuesto por los políticos en el poder. A la luz de aquellas ideas, el pueblo trabajador se organizó y protestó. La respuesta de los gobernantes fue la represión sangrienta y la expulsión, amparada en esa ley, de muchos socialistas y anarquistas que luchaban por sus derechos.

Hoy, las cosas no son exactamente iguales, pero podemos ver algunas semejanzas, pues hace pocos días la presidenta anunció la presentación de un proyecto de reforma integral del código procesal penal que incluye, entre otros aspectos, la expulsión del país de los extranjeros que cometen delitos. De la mano de esta propuesta, muchos funcionarios y políticos afines al gobierno se han sumado al coro de tono xenófobo y fascista de los medios de comunicación para seguir estigmatizando a los extranjeros, generando la idea de que el incremento de la sensación de inseguridad, que esos mismos medios han ayudado a crear, está directamente relacionada con la presencia de extranjeros en el país. Es una verdad silenciada que gran parte de los delitos obedecen a causas que los políticos no están interesados en debatir, pues posiblemente de ello se evidenciaría el nexo entre las mafias del crimen organizado y el poder político corrupto. Resulta mucho más fácil dar rienda suelta a la estigmatización para focalizar a los extranjeros y así no tener que hablar de lo que habría que hablar. Por ejemplo, que en ningún país del mundo el endurecimiento de las penas ha servido para disminuir la criminalidad. Que la mejor solución para bajar la tasa delictiva es la prevención, pero que esta opción se trunca cuando debe ser adelantada por entes policiales corruptos e involucrados en las estructuras que sustentan esa misma criminalidad.

En la Argentina, según datos oficiales, aproximadamente el 5% de la población es extranjera. En las cárceles del país, también según datos oficiales, solo un poco más del 5% de los presos son extranjeros. La conclusión es que no es cierto que los extranjeros delincan más. El secretario de Seguridad Berni crea una falacia para esconder su inoperatividad. El gobierno le hace el juego y, una vez más, prefiere mentirnos y actuar de forma populista tomando medidas simplemente aparentes que satisfagan las opiniones manipuladas que ellos mismos crean con ayuda de los medios. No se resuelve la problemática de seguridad, y esto es por la simple razón de preferir la táctica de mirar para otro lado sin atacar el problema de fondo. Por eso, hoy al igual que en los tiempos de Roca, los grandes perjudicados no serán solo los extranjeros, sino todos en general.

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